La pila del pescado 

por Elena Preciado Gutiérrez

 

Cuenta la leyenda que hace muchos años, por el barrio de La Lagunita, se formaba un riachuelo durante la temporada de lluvias que bajaba desde lo más profundo del cerro y cruzaba los terrenos del pueblo. En el riachuelo nacían peces con la lluvia, esos que entierran sus huevos y eclosionan cada vez que el tiempo es propicio.

Una vez, el riachuelo no se secó y siguió creciendo hasta convertirse en un río. Los hombres fueron a investigar y descubrieron que había cinco ojos de agua en un claro del cerro. Con gran asombro encontraron un pez que se distinguía entre los demás, el sol reflejaba sus rayos en las escamas doradas. 

Pronto se corrió la voz y todos iban a los cinco ojos de agua para ver el maravilloso pez. La abundancia del río era tal, que los pobladores empezaron a pescar. Se veía mucha actividad en las orillas del río: lavaban la ropa; obtenían agua para sembrar la milpa; los niños buscaban nixticuiles en los sembradíos y los intercambiaban por chocolates. Los jóvenes como Juana y José pasaban las tardes pescando, al grado que su amistad se transformó en un intenso amor. 

Las personas no se preocupaban por la comida, incluso de otras comunidades venían a pescar. El río se volvió un centro de vida en este lado del pueblo. Un anciano les dijo que cuidaran los peces, que no explotaran demasiado el río, pero como sucede en muchas historias… no le hicieron caso. Poco a poco, la fauna se fue acabando hasta que sólo quedó el magnífico pez dorado que brillaba con los rayos del sol al mediodía.

Llegó la preocupación y el hambre.

Los habitantes se turnaban día y noche para cuidar al último espécimen. Juana y José estaban de guardia una tarde, pero se distrajeron con las emociones adolescentes del amor. 

Por la noche se besaron por primera vez, mientras desaparecía el último pez.

¿Quién lo pescó? ¿Quién se lo comió? ¿Quién se lo llevó? 

El pueblo, molesto por lo sucedido, culpó con crueldad a Juana y José. Los jóvenes al sentir el remordimiento, trabajaron día y noche para organizar al pueblo y con su ayuda construir una pila en honor al pez dorado de la abundancia.