FÁBULA DEL ZORRO Y
EL AGUAMIEL
por Víctor Figueroa Infante

Jugando entre los ocotes, con el coqueto blanco de su cola, se venteó a lo lejos, no un gris coyote, sino la pisada de la Zorra.
Iba buscando de Pablito, por el olor, el aguamiel, de lejitos divisó la Zorra, al manso y recio serrano, todo un completo humano, estaba Pablito muy cerca de San Miguel, abajo del Sombrerito raspando entre la espesura del bosque, aquel Maguey.
Y sin moverse, no fue hasta que Pablito largo el Mezcal, que se puso la Zorra adentro del Maguey a zurrar. Al comenzar la mañana, Pablito con su alacate y raspador en mano, camino para el
aguamiel. Y oh de aquel, en el mismo Maguey de ayer, el manso y reacio serrano, Todo un completo humano, descubrió que la Zorra había hecho broma con él. Se le había zurrado en el aguamiel.
Limpió el Mezcal Pablito, blanquito le dejó el mezonte, y para sí se dijo, ¿por qué será que la zorra, se zurró en el aguamiel? ¿un reclamo por no dejar pulque o será qué…? Derramó entonces en el mezonte de aquel mezcal, un poco de pulque que se juntó con otro tanto de aguamiel. Largó el mezcal Pablito, y pasó en la ranchería de San Miguel, una noche completa. Al comenzar la mañana, el manso y reacio serrano, Pablito, todo un completo humano, se encaminó al Sombrerito y vio a lo lejos, trastabillar la silueta, no de un gris coyote, sino de una coqueta Zorra, que entre los ocotes, iba cantando el nombre de Pablito, buscando más pulque y aguamiel.

* Pablito, Pablito, Pablito, gracias por el
fermento, te pido disculpas y lo lamento,
había pensado que el mezonte y el mezcal
eran cosa sucia, pero se equivocó contigo mi astucia, probé de la alegría de tu alacate, y en ninguno de mis días, sentí la embriaguez tan santa, tan pura y tan mía, como ayer que sorbí de aquel limpio mezcal de tu pulque y aguamiel.